lunes, 29 de enero de 2018

Preguntas a Solange Camauer


¿Por qué elegiste dedicarte a la escritura?

Leer me gustaba tanto que pensé:  ¿Qué tal si intento producir yo ese placer?  Tendría trece años y estaba por dormir.  Después me di cuenta de que fui temeraria.  Además, escribir es una forma de pensamiento, una forma de (no) ser en otros.

¿Qué nos podés contar sobre tu último libro?

Puedo decir que no está terminado, que me está costando encontrar el tiempo para escribir todos los días, concentrarme.

¿Con qué personaje de ficción te identificás?

No me siento ni heroína ni cucaracha, ni Adriano ni Miss Marple o Tomatis deprimido y mirando tele y tomando vino  de la damajuana.  Me gustaría pensar que los personajes son los miembros de mi coro griego pero tampoco.  Compañeros, colegas, composiciones, circunstancias, los nombres propios de ciertos momentos o de algunos años.

¿Qué autores nos recomendás?

Borges, Saer, Uhart, Ocampo, Woolf, Yourcenar, Faulkner, Orozco.  He tenido metejones con autores de policiales.  Últimamente me encantó Lucía Berlin y María Moreno (Blackout).  Como estudié filosofía: Spinoza, Nietzsche, Heidegger, Deleuze, Han.  El Diccionario ideológico  de la lengua española de Julio Casares, que es un diccionario de ideas asociadas, es genial.

jueves, 25 de enero de 2018

Preguntas a Fernanda Perez


¿Por qué elegiste dedicarte a la escritura?

En realidad siempre me gustó escribir, desde pequeña. Motivada por esa pasión, y por mi deseo de escribir sobre arte y cultura, abracé la profesión periodística en la que ejerzo desde hace 22 años. Mi trabajo siempre consistió en escribir entrevistas, notas, informes, comentarios, columnas… En el medio, cada tanto, se colaba la ficción. De pronto, en un momento sentí el deseo de tomar con seriedad la elaboración y escritura de una novela (incluyendo entrevistas, viajes, investigación) y eso me inició en ese otro universo que de alguna manera estaba estrechamente emparentado con mi profesión. 

¿Qué nos podés contar sobre tu último libro?

En cuanto a los libros editados, tengo dos trabajos en circulación: uno en versión papel y digital, y otro solo en digital y de circulación gratuita.
El primero es “Los paraísos perdidos”, una novela histórica publicada en 2016 que transcurre entre 1828 y 1831, en las provincias de Corrientes y Misiones, y en los países limítrofes de Paraguay, Uruguay y Brasil. Hechos como la guerra entre Argentina y Brasil por la región Cisplatina (Uruguay), el enfrentamiento entre correntinos y misioneros y los exiliados de Artigas en el Cambá Cuá acompañan una trama ficcional que tiene como protagonistas a Milagros y Lorenzo (personajes que los lectores ya conocieron en “Las Maldecidas”) y a El Portugués y Visitación (también surgidos de mis novelas anteriores). Los primeros son dos jóvenes primos que se ven envueltos en una relación casi imposible. La segunda es una pareja ya en edad madura, que se reencuentra tras una serie de infortunios que los han marcado profundamente.  
La novela indaga sobre los exilios, las pérdidas y el amor como redención.
Mi otra novela, “Cuando dejé de amarte”, es un proyecto más bien experimental. Es un relato contemporáneo sobre el amor y el desamor en tiempos actuales, con personajes reales, de carne y hueso. Aquí cada uno de los protagonistas tienen edades diferentes y por ende también viven etapas y situaciones distintas.
La novela estará disponible durante el verano para su lectura en digital y de circulación gratuita en el blog
https://fernandapereznovel.wixsite.com/cuandodejedeamarte

¿Con qué personaje de ficción te identificás?

Me cuesta identificarme con un personaje de la ficción. Además esas identificaciones van cambiando con el correr de los años.
En la adolescencia adoraba a Polly Milton de “Una chica a la antigua” y a Jo March de “Mujercitas”. Luego sentí una enorme fascinación por Doña Bárbara, de la novela homónima de Rómulo Gallegos y por Adela de “La casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca.
En cuanto a los personajes sobre los que he escrito, creo que por una cuestión de contemporaneidad tengo mucho de dos de las protagonistas de “Cuando dejé de amarte”: Lola y de Leticia.

¿Qué autores nos recomendás?

Amo los clásicos, nunca fallan. Me gustan los autores teatrales (al estilo Federico García Lorca, Anton Chejov, Arthur Miller) y también algunos y algunas poetas (Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni, Pablo Neruda). Como también adoro el folklore y la música, no puedo dejar de lado a referentes como Atahualpa Yupanqui, Armando Tejada Gómez o Hamlet Lima Quintana.

En cuanto a autores contemporáneos y vivos, me gustan mucho Liliana Bodoc y Griselda Gambaro. Pero podría hacer una lista interminable. Me gusta leer de todo y siempre descubro pequeñas maravillas en el mundo literario. 

lunes, 22 de enero de 2018

Preguntas a Débora Mundani


¿Por qué elegiste dedicarte a la escritura?

La escritura me eligió a mí, podría decir. Siempre escribí y creo que siempre lo seguiré haciendo, aun sin papel, lápiz o computadora. No hago más que escribir historias en mi cabeza.

¿Qué nos podés contar sobre tu último libro?

El río cuenta la historia de Horacio, Helena y Juan, cuyas vidas y destinos están atravesadas por la presencia del río Paraná. Antes de morir, Helena le pide a su hijo un último deseo: volver a su pueblo natal. Así es como Horacio remonta el río, desde el Delta de Tigre hasta Trinidad, punto fronterizo entre las provincias de Entre Ríos y Corrientes. En el transcurso de ese viaje, se cuenta como segunda historia la de sus padres: Helena y Juan, historia de la que el propio Horacio sabe poco y nada. El río es una novela sobre la espera, la identidad, los encuentros y desencuentros.

¿Con qué personaje de ficción te identificás?

Elijo dos: Natasha Rostov, de Guerra y Paz, de Tolstoi; y Tamar, la protagonista de Llévame contigo, de David Grossman.

¿Qué autores nos recomendás?

Me gusta mucho la obra de Conti, Rulfo, Duras, Roth, Cheever, Wolf, Tolstoi, Saccomanno, Levrero, Coetzee, Heker, Kohan.
Las novelas: Tres veces luz, de Juan Mattio; Simone, de Eduardo Lalo; De carne y hueso, de Michael Cunningham, La pieza de fondo, de Eugenia Almeida,  Stoner, de John Williams, Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra.
Los cuentos de Alice Munro, Mariana Enriquez, David Poissant, María Lobo.
Dos joyitas que cruzan poesía y narrativa: El sol detrás del limonero, de Ángela Pradelli y Delta, de Fedra Spinelli.
Y todas las novelas y ensayos de David Grossman, inmenso escritor israelí.


jueves, 18 de enero de 2018

Preguntas a Mercedes Giuffré

Foto: Ale Meter


¿Por qué elegiste dedicarte a la escritura?

En mi caso se trata de vocación pura. No sé si yo elegí esta profesión o ella me eligió a mí. Empecé a leer desde muy chica. Primero nos leía mi mamá, a mi hermana y a mí. Después me lancé a la aventura yo sola y descubrí ventanas a otras realidades en los libros. Dije que quería ser escritora a los seis años y mis padres me creyeron. Me inscribieron en el taller literario que se daba a contra turno en la escuela, y después, en la adolescencia, tomé clases de escritura en el taller de Hebe Solves, que era una gran docente, además de poeta. En su taller leí por primera vez a Joyce, a Borges, el Kalevala y el poema de Gilgamesh. Tenía unos 14 años. También empecé a escribir mi primera novela, que quedó inconclusa. A veces releo esos pocos capítulos que escribí sin disciplina y creo que ya tienen en potencia algunos elementos que luego aparecieron en la serie de Samuel Redhead, que es un personaje que inventé y que protagonizó hasta ahora cuatro novelas histórico policiales y un cuento. Así que, ahí se ve de qué se trata esto de ser escritor. Por un lado está la vocación. Por el otro, lo más importante: la disciplina, el esfuerzo, la constancia, el método y la fuerza de voluntad que hacen de esa vocación una forma de vida.

¿Qué nos podés contar sobre tu último libro?

Es la cuarta novela de la serie protagonizada por Samuel Redhead, un médico mitad español y mitad británico que llega a Buenos Aires en 1805, escapando de las guerras entre ambos países. Acá le toca vivir las invasiones inglesas. En cada novela él investiga un misterio policial, por eso se pueden leer por separado como las historias de Wallander o las de Poirot, aunque si lees la serie en orden vas conociéndolo a él y viendo sus cambios interiores, un amor que le surge y evoluciona, la relación con Buenos Aires y su gente, los criollos y los españoles, los gauchos, los afro, los indios. En esta cuarta novela se agrega, además, el elemento fantástico. Se llama “Almas en Pena”, salió a la venta en octubre de 2017 por SUMA de Letras y es muy especial en varios aspectos. El primero tiene que ver con el modo en que se posicionan los narradores (que son dos). Se cuenta la segunda invasión inglesa desde Córdoba y no desde Buenos Aires, porque Redhead viaja a esa localidad para auxiliar a su hermanastro, que vino con los invasores y está prisionero en Alta Gracia. La otra particularidad tiene que ver con que hay espíritus que interactúan con los vivos. Y hay una historia del pasado de Redhead en Escocia que va a entrecruzarse con el presente de la trama. Hay una serie de asesinatos, por supuesto, y las mujeres, tanto en Buenos Aires (Clara y Elisa, que son la prometida y la hermana de Redhead) como en Córdoba (con nuevos personajes femeninos que tienen mucho que ver con algunas lectoras inquietas que conocí en mis viajes) toman protagonismo.

¿Con qué personaje de ficción te identificás?

Con Redhead, desde ya, en varias cosas. Él tiene mucho de mí, aunque también algo de una persona real que existió en la época de mis novelas: el médico de Manuel Belgrano, Joseph Redhead, a quien le copié el apellido y algunas características como la profesión y el pelo rojo. También tiene algo del personaje de Sherlock Holmes (la parte escocesa de Redhead es un homenaje a su autor, Arthur Conan Doyle).
Comparto con Redhead la perplejidad ante el cambio constante de las épocas en que vivimos; la furia que le producen la corrupción y la injusticia; su ansia de saber, de conocer y de entender. Comparto un poco el buen y el mal humor que le suscitan todas esas cosas. Y muchos de sus códigos: la lealtad, el apego a la palabra empeñada, la escasa vida social, el gusto por los libros, los viajes y las bibliotecas, los animales, la intimidad. ¡Hasta toco un poco el violín! Aunque él lo hace mejor que yo.

¿Qué autores nos recomendás?


Leo de todo. No tengo prejuicios y encima estudié Letras, así que me he pasado la vida leyendo (y por eso tengo una miopía alarmante). Es difícil recomendar algo que no resulte arbitrario y subjetivo. Pero si no me queda opción, ante todo recomiendo a los clásicos, desde Homero hasta Joyce, pasando por Cervantes, Balzac, Flaubert y Stendhal, Dickens, Shakespeare, Austen, las Brönte, Gogol, Dostoyevski, Pushkin, Dante, Boccaccio, y un larguísimo etcétera. Recomiendo a Dumas y al gran Julio Verne, a Simone de Beauvoir, Max Frisch, Flannery O´Connor y André Gide. De mis lecturas de vida, recomiendo a Albert Camus, que además de escribir divinamente imprimió en sus obras un sentido de la rectitud y de la justicia sin igual; a Conan Doyle, por supuesto, no sólo las historias de Holmes sino sus otros libros, en especial las novelas de profesor Challenger, aunque también sus novelas históricas y sus cuentos de terror. En la línea realista, a Benito Pérez Galdós, un gran autor español. A nuestras autoras del siglo XIX, en especial, Juana Manuela Gorriti y Eduarda Mansilla. Toda nuestra literatura, en general, Sarmiento, Hernández, Arlt, Borges, las Ocampo, en particular Silvina, Norah Lange… Y de los autores actuales, me gusta mucho lo que escriben Selva Almada, Samanta Schweblin, Pedro Mairal y Gabriela Cabezón Cámara, aunque podría mencionar a muchos otros colegas que admiro, cada uno en su género. Me gustan mucho las obras de Pedro Orgambide, Julio Cortázar y Tomás Eloy Martínez. La literatura argentina es formidable. Ni hablar de la llamada “literatura de género”, que abarca desde las aventuras hasta el policial, pasando por el romance y la novela histórica (que es un poco lo que yo vengo haciendo). La lista sería interminable así que sólo te doy un nombre, en lo que atañe a la novela histórica argentina: Cristina Bajo. Si no leíste sus libros, no dejes de hacerlo porque es una autora ineludible. Por último, una literatura que siempre me movilizó y me encanta leer es la de viajes; los relatos de viajeros. En especial los de otros tiempos. Hay muchos libros escritos por viajeros que recorrieron nuestra tierra en los siglos pasados. Desde Darwin hasta Chatwin, recomiendo todo. Hay un autor en particular, cuya obra estoy releyendo, que no es estrictamente un viajero pero está en sintonía con ese tipo de escritura, aunque vivió en el lugar que describe: Lucas Bridges, autor de “El último confín de la Tierra”. Y mi preferido: “Cinco años en Buenos Aires”, escrito entre 1820 y 1825 por un inglés anónimo que algunos dicen se apellidaba Love. 

lunes, 15 de enero de 2018

Preguntas a Agustina Caride


¿Por qué elegiste dedicarte a la escritura?

Siempre me gusto escribir, desde chiquita. Lo primero fue una poesía a un canario, creo que tenía 8 años. Y cuando me preguntaban que quería ser de grande, contestaba “escritora”. Supongo que son de esas cosas en las que uno no piensa, simplemente están ahí, casi como el destino, y se van dando.

¿Qué nos podés contar sobre tu último libro?

Testigos invisibles es un libro difícil de contar, sin hacer spoilers. Pero básicamente es la historia de una chica que tiene una sensibilidad muy especial, y que va a ir descubriendo que es capaz de ver cosas que el resto de los humanos no pueden ver. La historia comienza con un sueño que se reitera, por tercera vez, con el mismo nivel de detalle. Y por supuesto, despierta la intriga en Any. Y entonces surgen las dudas, las búsquedas y las perdidas también. Porque para descifrar los sueños, ella necesita de Sonia, una vecina un tanto excéntrica que le estaba enseñando a ver lo invisible. Pero Sonia hace tres semanas que desapareció. Con la ayuda de Ita, su mejor amiga, y Juanjo, su hermano mayor, ira develando misterios.
Me gusta hablar de la tapa porque creo que representa bien al personaje. Lo vemos de espalda porque uno como lector esta siempre un paso atrás de ella. Y la vemos en medio de una neblina porque es un personaje que esta en la búsqueda de su propio yo, tratando de descubrir para que esta en el mundo.

¿Con qué personaje de ficción te identificas?

No existe ninguno concreto. Creo que van cambiando según la edad o el momento. Cuando era chica era fanática de Laura Ingalls, me creía Laura. Hoy, como madre, a veces me identifico con novelas donde el personaje tiene conflictos con la maternidad, o con el matrimonio, etc. Por eso digo que las identificaciones pueden variar según la etapa que uno este transitando.

¿Qué autores nos recomendás?


Esta bueno empezar leyendo nacional, porque tratan sobre nosotros, como sociedad, y nos ayuda a pensarnos. Cortázar, por supuesto, Juan José Saer, Sábato, Roberto Arlt. También latinoamericanos, como Rulfo, García Márquez o Vargas Llosa. Y Europeos me encanta Antonio Muñoz Molina, Camus, Simone de Beauvoir, Virginia Wolf, Mc Iwan y la lista podría seguir eternamente!

jueves, 11 de enero de 2018

Preguntas a Gabriela Margall


¿Por qué elegiste dedicarte a la escritura?

Siempre digo que elegí esto porque no sé hacer otra cosa, lo cual es una exageración. Pero escribo porque me gusta, porque no entiendo la vida sin escribir.

¿Qué nos podés contar sobre tu último libro?

Huellas en el Desierto es una historia poco conocida sobre una mujer que todos conocemos: Agatha Christie. Conocer la historia, investigarla y contarla fue fascinante, un proceso que también incluía mis propios conocimientos de historia y de arqueología. Es una novela que puede disfrutar el que conoce mucho a Agatha y el que la conoce poco. Es una novela que se transforma en descubrimiento.

¿Con qué personaje de ficción te identificás?

Hay dos personajes con los que me identifico: uno es un clásico, Jo March de Mujercitas de Alcott. Y el otro es Nausícaa, una princesa que Ulises encuentra al final de su viaje en La Odisea, tiene muy pocas páginas pero es hermosa.

¿Qué autores nos recomendás?


Mis favoritas: Jane Austen, Silvina Ocampo, Edith Wharton, las Brontë.

lunes, 8 de enero de 2018

Preguntas a Marcos Tabossi


¿Por qué elegiste dedicarte a la escritura?

No tengo tan claro el asunto. Es una elección inconsciente. Creo que ella, la escritura, se presentó solita para calmar ciertos malestares. Hoy lo tomo como un estabilizador anímico. Si escribo o leo, mi vida va más o menos bien y todo tiene sentido, pero si no puedo ni una cosa ni la otra, empiezan los síntomas; me siento molesto con todo el mundo, me agarra como una picazón interna y doy vueltas por la vida como un perro antes de cavar un hueso. Son síntomas horribles, por eso trato de dedicarle cada vez más tiempo al placebo de la literatura.  

¿Qué nos podés contar sobre tu último libro?

“Una especie de cárcel” es un libro de cuentos. Fue publicado en Mayo del 2017 por la editorial Peces de Ciudad. Son cinco cuentos que buscan interpelar aquello que se entiende como realidad, o al menos, trabajar sobre los bordes, sobre los márgenes, donde la realidad se vuelve oscilante, donde “lo cotidiano se vuelve mágico”. Mágico en el sentido de lo disruptivo a lo tácitamente establecido. El texto pretende sondear el mundo de la realidad psíquica, de la percepción subjetiva que siempre es elástica y flexible.  
En todas las historias hay algo de cárcel psíquica, de muros que nos empeñamos en construir a causa de ciertos condicionamientos sociales que operan como límite.

¿Con qué personaje de ficción te identificás?

Uf, con muchos. A veces me gustaría ser Horacio Oliveira, vivir en las páginas de Rayuela, escuchar Jazz en Paris, tomar whisky, hablar de las palabras, y ser uno más del club de la serpiente. Hay días que siento que mi lugar es El Cairo, en la mesa de los Galanes, y viviendo en el mundo costumbrista de Fontanarrosa. Pero la mayoría de las veces puedo verme como un personaje Kafkiano – el Señor K de “el castillo”, por ejemplo-,o bien dentro de una novela de Levrero –como “el lugar” o “la ciudad”- buscando algún sentido de todo esto.
Los días que me persigue la culpa (por ejemplo cuando no escribo o leo al ritmo que me gustaría) me pongo en la piel de Raskolnikov en “Crimen y castigo”.

¿Qué autores nos recomendás?


Podría hacer una lista de cien, pero ahora mismo, por cercanía que trasciende el libro, pienso en autores argentinos contemporáneos como Selva Almada, Hernán Ronsino, Luciano Lamberti, Samanta Schweblin o Féliz Bruzzone, por nombrar algunos de estilos diferentes que me gustan mucho.   

viernes, 5 de enero de 2018

Preguntas a Flavia Pantanelli


¿Por qué elegiste dedicarte a la escritura?

Yo decidí que escribir era lo que quería hacer en el resto de mi vida hace relativamente poco, seis años más o menos. En mi caso fue una vocación tardía. Encontré que escribir me permite hacer letra las cosas que me toman el cuerpo, que me atenazan la cabeza. Las escribo y ya no son mías, las pongo en el papel y ya son otra cosa, ya son exterioridad. Todo lo que se me clava como una astilla y no me suelta, toda la rumia, todo el dolor o la indignación o la melancolía o la hilaridad, todo eso puedo hacerlo letra y ese barro usarlo de materia prima para escribir. Yo no escribo nunca sobre mí. No hago autobiografía ni textos de opinión. Hago ficción. Ficción pura si es que eso es posible, y sin embargo el material que uso es la experiencia, trozada, molida, amasada y vuelta a moldear. Para mí escribir no es sacrificado, no es sufriente, no es un oficio y no es un trabajo. Escribir para mí es algo gozoso y liberador. Es compulsivo y liberador. Es inestable, intermitente, revoltoso,  dionisíaco y por eso mismo, liberador. Es hacer con lo más oscuro que tengo, un tejido. Y después cortarlo, coserlo. Y recién después, bordarlo acá y allá. Y si hace falta, plancharlo un poco. Y finalmente colgarlo de una cuerda al sol.

¿Qué nos podés contar sobre tu último libro?

Mi último libro El extraño lenguaje de las casas fue premiado en México en el concurso de la Universidad Autónoma del Estado de México. Y fue publicado por la editorial de la Universidad. Todavía no tuve la dicha de tener un ejemplar en la mano pero ya vi fotos del libro expuesto en la Feria del libro de Toluca y en la Feria del libro de Guadalajara y otros lados de México y quedó precioso. Yo soy cuentista y este, como todos los otros míos, es un libro de cuentos con un eje en lo temático más que en lo estilístico. En este caso  el eje no es el abuso como en los anteriores, sino las ocultaciones, lo dicho a medias, los secretos a voces, lo soterrado. Es un libro que me gustó mucho armar y que me dio esta hermosa sorpresa de la UAEMex, que me trató con el mayor respeto y cariño y yo les estoy tremendamente agradecida. Es el voto de confianza y el espaldarazo más importante que tuve para mi escritura. Eso que te dice, nena, seguí.

¿Con qué personaje de ficción te identificás?

Bueno, yo soy una persona que está siempre un poco fuera de lugar en todos lados, siempre pertenezco un poco pero no completamente, siempre adentro y afuera al mismo tiempo o ni adentro ni afuera, bajo el dintel, digamos. En esa delgada línea. Con un pie en ambos lados, por las dudas. Como tal me identifico con personajes así, un poco Jane Eyre, por ej. Un poco  El principito, de Exupery. Pero poco. Tampoco es una identificación total con un personaje determinado. Algunos rasgos, digamos, acá y allá, de un tipo de personaje, el de un cierto desclase, del que mira todo un poco de afuera porque por más que busca, no pertenece de derecho pleno a ningún lado. Es una posición que tiene sus desventajas pero también tiene sus ventajas. La de poder mirar. No tiene el glamour del protagonismo. Ni su brillo ni su charme. Pero tiene la ventaja del flanneur, del que pasa y ve. No busca nada y no se implica como el voyeur, solamente pasa como un desarraigado y sin embargo está ahí justo en el momento para ver. Dicen los que saben que desde una habitación iluminada no puede verse lo que hay el la de al lado, a oscuras. Sin embargo desde la habitación a oscuras puede verse a la perfección lo que pasa en la de al lado, bien iluminada. Con ese material, robado un poco, si se quiere, es con el que escribo.

¿Qué autores nos recomendás?

Tengo mis autores que me tocaron  de un modo inolvidable. Vasconcelos. Calvino. Lispector. Todo absolutamente todo de Tabucchi, de Buzzati y de Papini. Silvina Ocampo.  Claire Keegan. Cortázar y Saer son los autores a los que vuelvo más, quién sabe por qué. Alda Merini.
Contemporáneos y argentinos Hebe Uhart.  Alinovi. Ana Ojeda. Bitar. Bellomo. Consiglio. Maria Rosa Lojo. Muzzio. Desiderio.

Y del catálogo de Modesto Rimba me  gusta tanto Hugo Correa Luna (enorme enormísima su novela Los árboles), de Graciela Ballestero (impecable autora Rosarina),  Ana Ojeda, Ismael Cuasnicú (recuerden bien ese nombre), Osvaldo Bossi, y  Mercedes Roffé.

martes, 2 de enero de 2018

Preguntas a Pamela Terlizzi Prina


¿Por qué elegiste dedicarte a la escritura?

Lo pienso en perspectiva y más que una elección fue un impulso. Siempre cuento que a pesar de escribir desde muy chica, sobre todo poesía, después de la maternidad y toda la intensidad que implica, escribir fue un refugio, una manera de hacerme un espacio donde podía ser totalmente egoísta. Después sí fue elegirla, porque me dio identidad política, me permitió ser militante, feminista, activista, creadora, parte de un todo. En la literatura puedo enojarme, angustiarme, encontrar esperanza, ser contradictoria e incorrecta. Nada en el mundo te da todo eso. Y creo que son razones suficientes.

¿Qué nos podés contar sobre tu último libro?

El último es el próximo. Y es el tercero. Se llama No cuentes pesadillas en ayunas y será parte del catálogo de Santos Locos y La Coop. Ya está listo, pero será presentado en sociedad en marzo de 2018. Es poesía. A mí la poesía siempre me duele un poco más. El título es una frase que decía mi abuela. Estaba convencida de que si se contaban malos sueños sin desayunar, se hacían realidad. Con algunos pasó.

¿Con qué personaje de ficción te identificás?

Uh, qué difícil. No sé si logro identificarme, pero hay muchos personajes femeninos que me deslumbran. Recuerdo a Ángeles, una de las nenas de Pequeña música nocturna, de Liliana Díaz Mindurry, por ejemplo. Pero el personaje de Emilia Sauri en Mal de amores, de Ángeles Mastretta, por favor, qué belleza.

¿Qué autores nos recomendás?


Va a parecer un facilismo, pero no: lean a Agustina Bazterrica. Su novela Cadáver exquisito es increíble. Y nadie debe dejar de leer a Martín Sancia, los infantiles y los otros. También me fascina Ariana Harwicz. Y me encantaría que Carlos Marcos escriba más, porque es tremendo. Y Camila Fabbri, y Acheli Panza y Roque Larraquy. También la poesía de Patricia González López. Ay, siento que me olvido de un montón. Pero arranquen y sigo pensando.